LA ONU RECONOCE PROPIEDADES MEDICINALES DEL CANNABIS

LA ONU RECONOCE PROPIEDADES MEDICINALES DEL CANNABIS

El día 2 de diciembre la Comisión de Estupefacientes de la ONU reconoció, de una vez por todas, las propiedades medicinales del cannabis (permaneciendo prohibido el consumo recreativo en la normativa internacional). Como vimos en el texto de <<LA HISTORIA DE LA MARIHUANA>>, en numerosas ocasiones de la historia se han podido ver los usos que cada civilización le daba a esta planta y en la mayoría de los casos tenía fines medicinales, no podían estar equivocados si daba buenos resultados en una época en la que, como se dice coloquialmente, ‘‘un catarro te mataba’’.

Aunque se haya conseguido este gran avance, sobre el que ahora veremos las consecuencias que traerá, aún queda mucho trabajo, y no precisamente por que no se haya visto en la misma condición el uso recreativo de la planta, sino porque esta votación terminó con una mayoría simple a favor del reconocimiento del cannabis como planta medicinal (27 de 53 países votaron a favor).

El cannabis medicinal tiene infinidad de usos, y más en el mundo moderno con la cantidad de enfermedades que derivan de la contaminación y la mala alimentación (no me refiero a la mala alimentación como alimentación no sana, sino a la mala alimentación a consecuencia de los tratamientos que sufren los alimentos): una de las consecuencias de este reconocimiento es que se va a poder impulsar investigaciones, y en el futuro tratamientos, con esta planta para poder ver dónde está el alcance medicinal de esta.

Por lo pronto, podemos saber que el cannabis tiene beneficios contra el párkinson, el cáncer, el glaucoma, la epilepsia… A lo largo de este tiempo, y gracias, en parte, a la globalización, se han podido ver vídeos y leer entrevistas sobre gente que, en experimentos individuales, por no verle una salida (o quizás pensando que el cannabis era la última) a su enfermedad ha optado por el consumo de cannabis: en pacientes con cáncer tiene eficacia como inhibidor de náuseas, aumenta el apetito y la resistencia al síndrome de desgaste (algo que a los enfermos de cáncer les beneficia porque les ayuda a paliar los efectos de la radio y la quimioterapia que tan dañinas son para el organismo);

También funciona como inhibidor de convulsiones, en casos de epilepsia y síndromes raros como el de Tourette (en este caso ha habido varios padres de niños con problemas de epilepsia, que ante la desesperación que supone no parar de ver a sus hijos convulsionar decidieron usar aceite de CBD viendo un cambio en el diagnóstico cuasi milagroso, también un hombre que sufría el síndrome de Tourette, un trastorno neuropsiquiátrico que impide tener algún control sobre su propio cuerpo sobre el que dejo la prueba: https://www.youtube.com/watch?v=Bw6OkhiUBaI); elimina los temblores provocados por el párkinson (https://www.youtube.com/watch?v=UBMB56kudcU). Además de haberse descubierto un gran uso ante un mal biológico que últimamente trae de cabeza a Occidente: funciona de manera esperanzadora contra la superbacterias, que son mutaciones de bacterias que se han ‘‘inmunizado’’ contra los antibióticos.

Que el cannabis haya salido de la lista IV de la Convención sobre drogas de 1961 (reservado, atención, para sustancias más perjudiciales y sin potencial médico reconocido) es un gran avance, es el primer paso, lo primero, para que cambie la mentalidad de gran parte de la gente (pues hay quien piensa que lo que está mal y lo que está bien lo decide una ley, sin pensamiento crítico ni propio); y lo segundo, para lo dicho anteriormente: para el desarrollo de investigaciones y futuros tratamientos con esta planta.

Porque no hay que olvidarse que este reconocimiento llega después de que la OMS reconociera que el cannabis no es una sustancia particularmente dañina como afirmaba esta Convención sobre drogas y tampoco recibir con demasiado entusiasmo esta noticia, pues el cannabis continua en el apartado I de la Convención de 1961 (requiere un alto control por su potencial adictivo). Todavía falta mucho camino y todo avance es poco.

B. JABALÍ

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